FAUNA Y FLORA
La Antártida consta de tres ambientes:
la atmósfera, el continente cubierto de hielo y el mar.
En la atmósfera no existen gérmenes patógenos, pero sí
bacterias, levaduras y micro-hongos.
En el continente la flora es muy pobre
y se reduce a unas 350 especies de líquenes, algunos
musgos y como excepción algún ejemplar de planta
superior. En la costa, la resistente alga roja sobrevive
en la superficie helada.
La microfauna terrestre de la
Antártida incluye varias especies de protozoos que
dominan el suelo y las aguas dulces. Las macrofauna
implica a los artrópodos en un número de 130 especies,
54 de las cuales son parásitos de pájaros y focas.
El largo período de luz, la
oxigenación y la riqueza de sales de las aguas,
colaboran para que haya en el ambiente marino una vida
mayor que en la atmósfera y sobre el continente.
Se inicia con el plancton y de él,
directa o indirectamente, se alimenta toda la fauna,
principalmente el krill (en noruego significa “pequeño
pez”), un crustáceo de apenas seis milímetros, alimento
preferido de ballenas, pingüinos, peces y aves.
Los peces más abundantes son la
nototenias, pero la especie más redituable
económicamente es la merluza negra.
Las aguas polares son el habitat de la
enorme ballena azul, que aquí se alimenta y procrea en
aguas más templadas.
Millones de focas y lobos marinos
viven en colonias sobre la costa. Son mamíferos marinos
perfectamente anfibios del orden de los pinnípedos. El
más grande es el elefante marino, cuyo espécimen macho
alcanza los ocho metros y cuatro toneladas de peso. La
foca de Weddell es de color claro con manchas blancas y
vive sobre el hielo, en tanto que la foca leopardo de
color atigrado es gran cazadora.
La ausencia de mamíferos predadores en
tierra y la cantidad de plancton en el agua convierten
al Continente Blanco en un paraíso para las aves
marinas. La más característica es el pingüino cuyas
colonias más grandes se concentran en la Antártida. El
más grande es el “emperador” que llega a 90 cm. de alto,
en tanto que el vecino de nuestra Base es el “papúa”.
Cuando llega la primavera al
hemisferio austral, las aves marinas toman por asalto
las rocas y zonas arenosas para construir sus nidos:
gaviotas, chinios, cormoranes, petreles y sobre todo
albatros, el gigante de los cielos marinos con una
envergadura que alcanza los tres metros.
Las aves gozan de cierta tranquilidad
ante la ausencia de predadores, pero esta vida pacífica
es amenazada por las aves carnívoras, los skúas y los
caracarás, que saquean los nidos de otros pájaros para
alimentarse con los huevos y polluelos.
Desde hace años, una gran ave skúa
merodea el comedor de nuestra Base; a ella, a sus
antepasados y a sus descendientes, les llamamos y les
llamaremos cariñosamente “pancha”.
FUENTE: -Paralelo 62º-Uruguay en la
Antártida, Montevideo 1998, de la Lic. Ana María De
Salvo.
- Uruguay en la Antártida, Montevideo
2002, del Instituto Antártico Uruguayo.